Galileo Galilei, maestro en la Universidad de Padua, vive de manera precaria junto con su hija Virginia en la casa de la Sra. Sarti y el adolescente hijo de ésta, quien es su pupilo y seguidor.
Su carácter de bon vivant unido a la necesidad para investigar y desarrollar sus ciencias, lo llevan a presentar al Dux de Venecia, como si fuera propio, un anteojo rústico holandés que acerca la visión de los objetos, al que sólo le ha hecho algunas modificaciones para poder observar los cielos y llamarlo telescopio, instrumento con el cual ha descubierto los movimientos de los astros que contravienen las Sagradas Escrituras.
El prestigio que le da su invento, lo lleva a Florencia para desarrollar sus observaciones de las lunas de Júpiter, bajo la protección de Cósimo de Médicis, quien aún es casi un niño. Sus teorías son peligrosas para lo establecido por la iglesia, lo que provoca que Galileo sea acosado por la Santa Inquisición hasta lograr detenerlo llevarlo a Roma y hacerlo abjurar de sus creencias debido a la presión que ejerce sobre el Papa Urbano VIII el Gran Inquisidor, lo que mina su espíritu y le gana la decepción de sus queridos seguidores, en cuanto ha negado la certidumbre de sus anotaciones científicas.